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Una visión
terriblemente subjetiva del fenómeno transgeneracional de Harry
Potter.
TODO POR ARTE DE MAGIA
por Diego Cruz. Especial para dulatina.com
Podríamos sumarnos a la ola de los chicos que quieren ser magos,
contar su historia, decir que sus libros son mejores que las
películas o al revés, que es el éxito más grande en la historia
de la literatura universal y un montón de cosas que se redactan
para vender un par de libros más, pero no. Estamos frente a un
fenómeno que, para muchos de nosotros, no es novedad. De golpe,
todos los chicos no quieren ser menos que el otro y se leen un
libro de ¡¡700 páginas en inglés de Harry Potter!! el
invento literario más redondo de los últimos tiempos. Una tabla
de salvación para los que ya no sabían cómo vender Star Wars, la
mejor saga fantástica de la historia del cine, porque George
Lucas dio por terminada esa historia con seis películas. Pero
bueno, J.K.Rowling no es Lucas. Bah, está más buena que
Lucas, la verdad que esa mujer nos puede y muchísimo, pero no
es lo mismo.
Si vemos el lado positivo, la saga de Harry Potter hizo que
muchos chicos vuelvan al perdido hábito de la lectura,
casi el equivalente a que se vendan masivamente de vuelta los
discos de vinilo. Hasta hubo chicos que dicen que aprendieron
inglés con los libros, en fin… un fenómeno políticamente
correcto que coincide con el cada vez más inexplicable éxito
de una feria que parece nunca avanzar como lo es la Feria del
Libro aquí en Buenos Aires.
Quizás nuestra ignorancia nos impide ver y descubrir el disfrute
de una buena realización cinematográfica digna del balde de
pochocho más grande, pero… ¿por qué no nos llega Harry Potter?
¿Por qué no nos despierta el irrefrenable impulso de ir, después
de ver la película, a comprarnos una de esas escobas que usan
para transportarse? ¿Es lo mismo un fan que se pone el traje
Jedi a dos chicos o chicas que simulan una batalla con dos
varitas mágicas? ¿Voldemort tiene sentimientos como Darth
Vader? ¿Por qué la reina Amidala transmite más emociones con
solo levantar la ceja izquierda que la chica Hermione haciendo
como que se lleva el mundo por delante? ¿Es necesario poner
actorazos de la talla de Gary Oldman o Emma Thompson para
enganchar al público “pensante”? ¿Va a dignarse la Rowling a
considerarse hecha y no hacer más libros del maguito o va a
primar el dinero y el éxito fácil haciendo la gran Tinelli de
seguir hasta que la gente se empiece a cansar? ¿Es creíble
contar el crecimiento de un adolescente en un mundo imposible
como lo es el de la magia? ¿Por qué tenemos esa triste sospecha
que Daniel Rattcliffe va a terminar igual que Macauly Caulkin,
el de Mi pobre angelito y todos en la calle le van a gritar “qué
hacé, Harry”? ¿Quién es el animal que tiene por agente de prensa
que le dijo “sacate la ropa para unas fotos de la obra Eqqus”?
¿No te das cuenta que todavía sos Harry Potter, nene?
¿Hasta cuando Telefé va a repetir las de Harry Potter y no
repite obras maestras como Matrix Recargado? ¿Qué razón tiene
hacer algo objeto de culto si lo primero que tiene que tener es
antigüedad para eso?
Hay miles de preguntas intentando sacar de la nebulosa un
fenómeno mediático como lo es el de este joven mago que cursa la
secundaria en la privada de Hogwarts. Lo que es cierto es que se
está levantando mucha polvareda en algo que todavía está muy
joven para ser leyenda. Es más, todavía ni nació para eso.
Personalmente, muy personalmente y paradójicamente, a Harry
Potter le falta magia.
JULIO 2007. |